Queremos que los alumnos reflexionen
en torno al tema de la solidaridad y sean capaces de detectar las necesidades
de los demás y les ofrezcan su ayuda. Pretendemos que valoren la solidaridad no
solo en circunstancias de catástrofe, sino también en situaciones de su vida
cotidiana en las que es necesario ser solidario.
TRABAJO
CON LAS EMOCIONES
Conciencia
emocional
La situación inicial que plantea la
unidad es una oportunidad para profundizar en el tema de la empatía. Poco a
poco los niños van siendo cada vez más conscientes de que hay formas de pensar
diferentes a la suya. Podemos ir avanzando en el desarrollo de la empatía,
haciéndoles comprender la situación de los demás, comparándola con experiencias
emocionales propias en situaciones semejantes. Así, poco a poco, los alumnos
serán capaces de ponerse en el lugar del otro, para poder sentir lo que sienten
los demás, comprenderlos y acompañarlos tanto en su sufrimiento como en su
alegría.
Procurar que los niños participen en
campañas de recogida de alimentos, ropa, material escolar… para poder ayudar en
una situación extrema. Este es un buen ejercicio de solidaridad, porque permite
a los niños conocer la situación de los que sufren y, de alguna manera,
sentirse más cerca de ellos.
Antes de
definir el término es necesario establecer su origen. Este concepto proviene
del término del latín soliditas que hacía referencia a una realidad
homogénea, entera y unida donde los elementos que conformaban ese todo eran de
igual naturaleza.
De este
modo, el concepto de solidaridad describe la adhesión de modo circunstancial
a una causa o a proyectos de terceros. El término se utiliza en forma habitual
para denominar una acción de perfil dadivoso o bienintencionado. De
todas maneras, su raíz etimológica hace referencia a un comportamiento in-solidum,
es decir, que se enlazan los destinos de dos o más personas.
Por lo tanto, ser una persona solidaria no se limita al ofrecimiento de ayuda,
sino que implica un compromiso con aquel al que se intenta ayudar.
El sentido
más básico de la solidaridad supone que se desarrolla sin distinción, límites o
condicionamientos de sexo, raza, nacionalidad, religión ni de afiliación
política. La única finalidad de la solidaridad puede apuntar al ser humano
en estado de necesidad. De todas formas, el uso del término ha quedado
desvirtuado ante el abuso del discurso político y el denominado marketing
solidario.
La verdadera
solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se
entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La
solidaridad se mueve sólo por la convicción de justicia e igualdad.
SOS es la denominación de una conocida señal
de socorro que se utiliza a nivel mundial y que permite solicitar ayuda a
través de algún tipo de señal. Dicha señal comenzó a emplearse en el siglo
XX mediante el código Morse, donde se transmite como una seguidilla
de tres pulsos cortos, tres pulsos extensos y tres pulsos nuevamente cortos.
La expresión
suele asociarse a frases en inglés como “Save Our Souls” (que se traduce
como “Salven Nuestras Almas”) o “Save Or Succumb” (“Sálvennos
O Morimos”). Esto se debe a que, cuando alguien emite un SOS,
necesita asistencia
de manera inmediata ya que se encuentra en peligro.
Si una
embarcación enfrenta un problema que pone en riesgo su subsistencia,
es probable que su capitán se encuentre en necesidad de enviar un SOS.
De este modo, cuando otro barco reciba la señal, acudirá a brindar ayuda y, en
caso de ser necesario, a participar del salvamento de los tripulantes del navío
en dificultades. Uno de los casos más famosos del uso del SOS fue el Titanic,
que apeló a la señal tras chocar contra el iceberg que finalmente provocó su
hundimiento.
Código Morse
El Código Morse es un medio de comunicación basado en la transmisión y
recepción de mensajes
empleando sonidos o rayos de luz y un alfabeto alfanumérico
compuesto por puntos y rayas. Aunque este código surgió en el siglo 19,
su empleo es perfectamente utilizable hoy en día cuando la
existencia de condiciones atmosféricas
adversas no permiten el empleo de otros medios más desarrollados
como,
por ejemplo, la transmisión de la voz.
Aún cuando en una transmisión inalámbrica por radiofrecuencia
realizada solamente con código Morse aparezcan interferencias producidas
por tormentas eléctricas, los sonidos de los puntos y las rayas serán siempre
reconocibles para el oído humano aunque se escuchen mezclados con
el ruido que produce en esos casos la estática atmosférica.
En sus inicios para transmitir y recibir mensajes en Código Morse se empleaba un primitivo aparato inventado en 1844 por
Samuel Morse, creador a su vez del propio código que lleva su nombre.
Ese aparato constaba de una llave telegráfica de transmisión, que hacía
las veces de interruptor de la corriente eléctrica y un electroimán como
receptor de los puntos y las rayas..
| Cada vez que la llave se oprimía hacia abajo con los dedos
índice y medio se establecía un contacto eléctrico que permitía
transmitir los puntos rayas del código Morse. Los impulsos intermitentes
que se producían al apretar la llave telegráfica
se enviaban a un tendido eléctrico compuesto por dos alambres de
cobre. Esos cables,
soportados por postes de madera, se extendían muchas veces a
cientos de kilómetros de distancia a
partir del punto de origen de la transmisión hasta llegar al punto
de recepción. |
|
Vista superior de una llave telegráfica Morse
|
El primitivo receptor de ese sistema de telegrafía por donde se oía el
sonido de los puntos y las rayas estaba formado por un electroimán
con una bobina de alambre de cobre
enrollada alrededor de un núcleo de hierro. Cuando la bobina recibía los impulsos de
corriente eléctrica correspondientes a los puntos y las rayas, el núcleo de hierro
se magnetizaba y atraía hacia sí una pieza móvil, también de hierro, que al golpearlo emitía un sonido seco peculiar. Ese
sonido era semejante a un “tac” corto cuado se recibía un punto, o un “taaac”
más largo si se recibía una raya. Por ejemplo, la letra “a”
del código Morse, formada por un punto y una raya (
. – ), se oía aproximadamente así: “tac – taaac”.
Con el invento de
Marconi
del transmisor elemental de ondas de radio,
a partir del año 1901 la transmisión de mensajes por telegrafía se
comenzó a realizar también de forma inalámbrica,
adaptándolo al mismo sistema inventado por Morse. Esa nueva forma
de transmisión tenía la ventaja que no era necesario realizar tendidos
de
cables a largas distancias, por lo que muy pronto los barcos se
adoptaron esa nueva tecnología para comunicarse
entre sí y con tierra. El “telegrafista” pasó entonces a
llamarse “radiotelegrafista”.
La posterior aparición de la válvula de vacío inventada por
Fleming en 1904 y
el desarrollo de la válvula triodo inventada por
Lee de Forest tres años después, abrieron la posibilidad de generar ondas de radiofrecuencia por medios electrónicos.
Ese avance tecnológico mejoró en gran medida la transmisión de mensajes
en código Morse por vía inalámbrica, permitiendo su envío a cualquier confín del mundo.
Con
la introducción en el mercado de los transmisores electrónicos por ondas de radiofrecuencia,
el electroimán utilizado hasta entonces para recibir las señales
del código Morse se sustituyó por un altoparlante o, en su
defecto, un par de cascos (audífonos) y el sonido
pasó a escucharse como
“beeps” cortos o largos, según fuera un punto o una raya lo que se estuviera
recibiendo. La llave telegráfica de Morse se sustituyó también por otra
llamada
"vibroplex bug", inventada en 1903 por Horace G.
Martin que posibilitaba enviar los mensajes con mayor rapidez. El pulsador
de esta nueva llave funcionaba de forma horizontal y se manipulaba
haciendo presión hacia los lados utilizando el dedo índice y el pulgar.
Además de las transmisiones de mensajes que se realizan empleando sistemas eléctricos o
electrónicos, el código Morse permite utilizar también otros medios
más sencillos. Uno de ellos consiste en utilizar una fuente de luz intermitente,
mientras que el otro se basa en producir sonidos empleando cualquier
dispositivo que permita reproducir los puntos y las rayas. Un ejemplo del
uso práctico de esos diversos métodos lo tenemos principalmente en los barcos, que en determinados casos
pueden llegar a emplear cualesquiera de las posibilidades que se han
mencionado.
| Por ejemplo, para enviar mensajes empleando una fuente de luz
los barcos se valen de una especie de reflector llamado “blinker”,
dotado de una cortinilla que al abrirse deja pasar los rayos de luz y al cerrarse
los interrumpe. Un rayo de luz corto se entiende como un punto, mientras
uno más largo es una raya. A la derecha se puede ver un blinker
transmitiendo un S.O.S. pidiendo auxilio. La formación de esas siglas en
código Morse se realiza con tres puntos que corresponden a la letra (S),
tres rayas
a la letra (O) y
tres puntos más (igualmente para la otra S) ( . . . – – – . . .
) |
|
Blinker transmitiendo un S.O.S.
|
En casos de emergencia los barcos suelen utilizar también el “tifón”
(silbato accionado por un chorro de vapor o de aire), que llevan comúnmente fijado a su chimenea; gracias
al fuerte y grave sonido que emiten los tifones, se pueden utilizar para propagar los
sonidos de mensajes de auxilio en código Morse. Un sonido corto del tifón significa un punto, mientras que uno
más largo significa una raya.
Para transmitir las letras del código, cada punto y cada raya se separa
haciendo breves pausas. La velocidad de transmisión de las
palabras que forman el texto de los mensajes depende en gran medida de
la habilidad y experiencia práctica que tenga el telegrafista o
el radiotelegrafista, tanto a la hora de transmitir como de
recibir los mensajes.
Independientemente de la velocidad y destreza que se pueda llegar a adquirir empleando el código Morse, a la hora de transmitir
un mensaje el tiempo de demora de una raya debe superar en tres veces el de un punto.
Cada letra o número del código se compone de uno o más puntos o rayas, o
las combinaciones de ambos signos, separados entre sí por una
pausa de tiempo equivalente al de la transmisión de un punto.
Además, entre la transmisión de una letra y la siguiente, el
tiempo de separación
debe ser mayor que el necesario para transmitir una raya o tres
puntos. El tiempo de separación entre
una palabra y la otra debe ser equivalente al que se requiere para
transmitir seis puntos.